LOS PLATOS DE LA REGIÓN
En un mundo donde millones de personas no tienen suficiente comida para comer día a día, resulta sorprendente ver la cantidad de comida que termina en la basura
10.05.2026 - NURIA IBÁÑEZ LÓPEZ
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Esta noticia será escrita por una niña que sabe y ha visto muchos problemas de este tipo, tanto en las noticias como en su propia casa con su familia
En este tema hablaremos de cómo en un mundo donde millones de personas no tienen suficiente comida para comer día a día, resulta sorprendente ver la cantidad de comida que termina en la basura, incluso desde nuestros propios platos.
Aunque pueda parecer un problema lejano o difícil de resolver, la realidad es que pequeños gestos cotidianos pueden marcar una gran diferencia. ¿Y si aprender a servirnos mejor y valorar cada bocado fuera el primer paso para cambiar esta situación? Desde casa, todos (incluidos los más jóvenes) podemos empezar a actuar y reducir el desperdicio de alimentos.
Muchas veces no nos damos cuenta, pero tiramos comida casi sin pensarlo. Nos servimos más de lo que realmente podemos comer o simplemente dejamos cosas porque ?ya no nos apetece?. Este comportamiento, aunque parezca normal, contribuye a un problema mucho mayor: el desperdicio de alimentos. Según diferentes estudios, una gran parte de la comida que se tira podría haberse consumido perfectamente.
Una forma sencilla de evitar esto es empezar por conocernos mejor: saber cuánta hambre tenemos antes de llenarnos el plato. También podemos servirnos poca comida y, si seguimos teniendo hambre, repetir. De esta manera evitamos que sobre comida. Además, es importante valorar el esfuerzo que hay detrás de cada alimento: desde las personas que lo cultivan hasta quienes lo cocinan.
En casa, las familias pueden ayudar mucho organizando mejor las comidas y aprovechando las sobras para crear nuevos platos. Por ejemplo, con verduras que sobran se puede hacer una sopa o una tortilla. Así no solo se evita tirar comida, sino que también se aprende a ser más creativo en la cocina.
También hay muchas familias que no tienen el recurso de hacer o comprar comida, y cada vez que estamos tirando esos alimentos que ?no nos apetece? o que ?no nos gusta?, tenemos que pensar en todas esas familias que lo están pasando muy mal. Por ejemplo hay muchísimos niños y niñas mucho más pequeños que nosotros que gracias a ONGs están pudiendo comer y recuperarse de las enfermedades que tengan, pero todavía quedan miles o incluso millones de niños y familias que no pueden comer.
En conclusión, reducir el desperdicio de alimentos no es algo imposible ni solo para adultos. Todos podemos participar, incluso los niños y niñas, con acciones pequeñas pero importantes. Si empezamos desde ahora, podemos ayudar a cuidar el planeta y también a ser más responsables con lo que tenemos. Porque cada plato cuenta, y cada decisión también.


