Concurso Escolar laverdad.es
 
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La Era de los Cuatro 3.0

IES CAÑADA DE LAS ERAS

Molina de Segura

REDACCIÓN: Carolina Rojas Rubio, Pedro Jose Diaz Lozano, Elena Perea Negrete, Dario Muñoz Sánchez, Paula Lorente de la Barrera, Noelia Meseguer Ramos

Mi despertador

Mi despertador
Museo de la radio de Turín (Italia)

Seis pitidos, cinco cortos y uno más largo, nos despiertan a todos

01.05.2018 - La Era de los Cuatro

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   Cada día, a la misma hora, en mi casa nos despertamos todos a la vez. Mi habitación está pegada a la de mis padres, y aunque el radio despertador está en la habitación de ellos, unos segundos antes de la siete de la mañana,  seis pitidos, cinco cortos y uno más largo, nos despiertan a todos. El día comienza en mi casa.

   Tras los pitidos una voz familiar dice la hora y me hace envidiar a los canarios que a buen seguro dormirán 60 minutos más. A través del delgado muro que separa las dos habitaciones me llega una música vitalista y oigo como mis padres se dan en voz baja los buenos días. Ellos están despiertos, y yo también.

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   La misma voz que me dio la hora se afana ahora en contarme, en menos de cinco minutos, mientras la música ambienta en un segundo plano su narración, que de bueno y de malo trae el nuevo día. Si tuviera que hacer balance de todo lo que cuenta, seguro que ganaría lo malo, pero ya se sabe las buenas noticias casi no existen por definición.

   Mis padres siguen la cama, yo también. Aunque nos separa un tabique los tres cada día vivimos el mismo ritual, es nuestra forma, casi mecánica, de abrir los ojos a una nueva jornada. Mi madre se queda diez minutos en la cama, mi padre veinte y yo aguanto un poquito más, ¡Se está tan bien entre las sábanas!

   Las voces que oímos van cambiando. Unas hablan de política, otras de sucesos, se oye a corresponsales en el extranjero, algún que otro anuncio de coches o bancos, y hasta el señor del tiempo aparece para decir que hoy volveremos a tener la máxima en la Región de Murcia.

   Mi madre es la primera en entrar al baño, oigo correr el agua en la ducha. Poco después lo hace mi padre que siempre espera a que empiecen las noticias regionales para oírlas en su viejo transistor que heredo del abuelo Paco, mientras se enjabona. Yo me duche antes de acostarme, con la música de la radio de fondo.

   Me levanto y cuando llego al salón, papá y mamá ya están sentados desayunado, con la radio como hilo ambiental. Siete preguntas, revista de prensa, revista económica, deportes... Es el momento de salir o no llegamos. Mi amiga Caty llamó al timbre de casa mientras un señor con acento argentino contaba un chiste supuestamente bueniiiiiisimo. Tras coger mi padre su bolsa de trabajo, buscar el móvil, que nunca recuerda dónde lo ha puesto, y comprobar que lleva todas sus llaves, Caty, él y yo bajamos a la cochera. Mamá se queda en casa un poquito más, ella entra a trabajar a las nueve.

   En el coche vuelve a sonar la radio. Ahora la voz familiar habla del culebrón catalán y del serial madrileño. No sé por qué extraña razón no me suena nada ajeno, todo lo entiendo y comprendo. Será que todos los días es lo mismo, aunque cambien los protagonistas.

   Mi padre nos deja a Caty y a mí en la puerta del instituto. Veo como se aleja el coche. Mañana se repetirá una historia parecida en la que volveré a sentirme informada, casi sin querer. Bueno, sí, un poquito sí. Gracias Marconi.

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